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viernes, 13 de abril de 2012

Sociología Bíblica y Realidad Latinoamericana


 Sentido de la sociología   
    Desde las primeras décadas del siglo XIX, la sociología, producto de la razón humana, recorrió un camino que “…parte de concepciones totalizadoras de la economía política clásica o la teoría social del siglo XVIII…” (Marini, 1994:1) hasta llegar a su concreción, en el transcurso de la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, como modelo de investigación científica, aplicable a la experiencia vital del ser humano, mediante la reflexión y análisis de sus comportamientos individuales e interrelaciones con sus congéneres, en el marco de sus contextos geográficos e históricos y sus modos de organización socio-cultural, lugar donde proyecta su visión e interpretación del  devenir existencial que decide asumir como individuo y copartícipe de un colectivo. El objeto fundamental que inspira al pensamiento sociológico, consiste en visualizar y diseñar modelos que alternen el ideal utópico del lugar social que aún no es pero que puede llegar a ser, con el anhelo de un mejor futuro de convivencia comunitaria impredecible pero concebible, orientado a generar mejores realidades sociales concretas en el espacio y tiempo geográfico histórico de los seres humanos. (Cfr. González-A, 1991:59-74; 332-340)

Sociología Bíblica  
    La sociología bíblica, utilizando modelos de investigación de las ciencias sociales, instrumentados en función de la realidad referida por los textos bíblicos y extra bíblicos, consciente de que estos, no proporcionan una documentación suficiente para lograr  visiones y conclusiones  de conjunto  definitivas (Cfr. La interpretación de la biblia en la Iglesia, 1994:57) se propone, sin pre-juicios teológico-religiosos, indagar y conjeturar globalmente sobre los elementos constitutivos de los comportamientos individuales y colectivos de los personajes o actores sociales que intervienen en los relatos bíblicos, así como el impacto y respuesta que genera en ellos, la irrupción de lo sagrado en el devenir real de sus vidas, por la presencia de Dios en la cotidianidad de sus historias. Aportando al estudio de la reconstrucción del mundo social de la biblia, un acercamiento a los acontecimientos relatados en sus documentos, que intenta de manera holística, concebir cada realidad narrada como un todo distinto que trasciende la simple suma aislada de las partes, pretendiendo, según sea el caso, enriquecer o refutar resultados interpretativos de los modelos tradicionales de investigación bíblica institucionalizados, incorporando a sus estudios, elementos relacionados con el análisis narrativo, contextos arqueológicos, sociales, económicos, ideológicos, ambientales, psicológicos, antropológicos, paralelos transculturales y etnográficos, tanto de los participes o actores directos de los relatos bíblicos, como de los autores de los mismos, en una perspectiva más amplia, que la sola deducción a partir de los textos bíblicos, abriendo nuevos horizontes para el hallazgo de nuevos conocimientos. (Cfr. Gottwald, 1989: 3-22; Theissen, 2001:7-12; Whitelam, 2001: 53-69)

Sociología Latinoamericana
    Los modelos de observación, análisis y elaboración de paradigmas  sociológicos, usados para reflexionar y definir  la realidad individual y colectiva de los conglomerados humanos de América Latina, se introdujeron en la segunda mitad del siglo XIX, caracterizados por formulas de pensamiento imitativo y reflejo de las ideas provenientes de Europa, entre las que destacan, el liberalismo, el positivismo y el marxismo, resultando Latinoamérica, una visión o proyecto de sociedad esbozada desde Europa, tanto por las elites intelectuales conservadoras y de izquierda, así como por la noción de región concebida desde Washington, inspirada en las doctrinas expansionistas del pangermanismo y paneslavismo. A  partir de la tercera década de la segunda mitad del siglo XX, se inicia un proceso que continua hasta nuestros días (2012) en el que los intelectuales latinoamericanos, se proponen consolidar una tradición original y  autónoma de pensamiento  para teorizar a la región, la cual, comienza su materialización, con la creación de la Escuela Libre de Sociología  y Política de Sao Paulo, Brasil, en 1933; extendiéndose esta iniciativa durante la década de los cincuenta, a la mayoría de los países de la región. Desde entonces, la perspectiva sociológica latinoamericana, ha estado marcada por el asumir compromiso con la sociedad, para estudiarla y presentarle alternativas, que le permitan mejorarla y hacerle más confortable la convivencia a los seres humanos que conformamos sus comunidades. (Cfr. Marini, 1994: 1-8)

Reflexiones socio-teológicas desde América Latina
    “…Hablar de teología en Latinoamérica, deriva en hablar de Teología de la Liberación…” Así se expresa Oliveros Maqueo en 1977, en la introducción de su ensayo Liberación y Teología, al referirse al pensamiento socio-teológico que surge en América Latina, a partir del Concilio Vaticano II (1965) y la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Medellín (1968), siendo en esta última, la opción por los pobres, los oprimidos y excluidos de la sociedad, el principio práctico generador del pensamiento de la teología de la liberación, enraizado en las fuentes bíblicas de la liberación de Egipto, la praxis de Jesús de Nazaret, y la esperanza profética, en las cuales, se denota, la parcialidad y fidelidad de Dios hacia los explotados y marginados, es decir, a los que son víctimas del sufrimiento por obra de la injusticia y abuso de poder de sectores dominantes de la sociedad. (Cfr. Duquoc, 1989:73-75)
La esperanza terrena, para los teólogos de la liberación, encuentra su razón última en la opción de Dios por los pobres, a quienes da su Espíritu para que se alcen y transformen en historia fraterna la historia de la violencia…El Éxodo y la Cruz, al desvelar el amor de Dios a los pobres, revelan al mismo tiempo la profundidad trágica y la permanencia histórica de la explotación del hombre por el hombre…El lugar de la Cruz en su teología…subraya la homología existente entre los riesgos de la praxis de Jesús al tomar partido por los excluidos y los peligros que hoy amenazan en América Latina a los que luchan contra la opresión. (idem. 81; 84; 83)  
    ¿Es pertinente el pensamiento teológico latinoamericano, en la sociedad pos-industrial del presente siglo XXI, donde los seres humanos cohabitamos, entre el pesimismo que genera la injusticia jurídica y económica, la violencia, el genocidio y la represión política, la ruptura de  lazos de unión entre ciudadanos, las amenazas y ejecutorias de guerra, la manipulación de armas biológicas y nucleares que podría destruirnos, la contaminación ambiental, la toxico dependencia de sustancias psicotrópicas licitas e ilícitas, la superpoblación. Y la visión optimista que alimenta la esperanza, consciente, de que el presente y futuro está en manos de mujeres y hombres con vocación y disposición a vincular los intereses individuales y grupales a favor del bien común, para conducir a la consolidación de un mundo social armónico de convivencia solidaria, confianza, reciprocidad y compromiso, conforme a nuevas maneras de asumir e interpretar la satisfacción de necesidades individuales y colectivas, persuadidos, por la educación, que promueve  la adquisición de valores que dignifiquen la condición humana? Nuestra respuesta es afirmativa, en virtud de que  “…la teología de la liberación se ha transformado en un componente constitutivo de la teología cristiana sin más y del patrimonio cultural contemporáneo… las nuevas generaciones proponen hablar de teologías de la liberación…” (González, 2004:2)

Conclusiones
    Las reflexiones socio-teológicas desde América Latina, a partir de los estudios bíblicos, que refieren acontecimientos que se encuentran para nosotros en una lejana realidad social, religiosa, temporal y espacial, en los contextos actuales de la compleja realidad cultural e histórica en la cual vivimos,  amerita,  no restringir los campos metodológicos de aproximación, son necesarios los tradicionales modelos humanísticos, teológicos y religiosos, incluyendo nuevas maneras de lectura e interpretación, así como los nuevos enfoques sociológicos y antropológicos, que nos permitan mirar con nuevos ojos, los relatos bíblicos, con el anhelo, de  alcanzar horizontes más próximos a la verdad humana y Divina que quieren revelar,  porque nos implica, en sus representaciones míticas y simbólicas universales, al ser expresión de una manera de irrumpir o revelarse lo sagrado en el mundo u tiempo histórico concreto, que ha generado, en distintos periodos históricos de la humanidad, paradigmas, que han orientado las posibilidades de construir estructuras sociales cónsonas, con una realidad ideal aspirada de convivencia armónica y justa, en las relaciones interpersonales entre los miembros de las comunidades humanas, con disposición a resolver conflictos, sin incurrir en la autodestrucción de sí mismo o del otro, teniendo presente, para la realización de estos proyectos, al Espíritu de Dios que aletea sobre el planeta. 
  


Referencias Bibliográficas

  • Duquoc, Ch. (1989). Liberación y Progresismo. Santander, España: Sal Terrae.
  • González, Marcelo. (2004). La teología de la liberación hoy. Criterio. [Revista en línea], 2300. Disponible: http://www.revistacriterio.com.ar/iglesia/la-teologia-de-la-liberacion-hoy/ [Consulta: 2012, Marzo 17]
  • González–Anleo, J. (1991). Para Comprender la Sociología. Navarra, España: Editorial Verbo Divino.  
  • Gottwald, Norman. (1989). Las Tribus de Yaveh. Barranquilla, Colombia: Seminario Teológico Reformado y Presbiteriano. 
  •  Pontificia Comisión Bíblica. (1994)  La interpretación de la Biblia en la Iglesia. PPC. 3ª. Edición. Madrid: Autor.
  • Theissen, Gerd. (2001). Sociología del movimiento de Jesús. Santander España: Edit. Sal Terrae.   
  • Whitelam, K. (2001). El mundo social de la Biblia, en J.Barton, La interpretación Bíblica Hoy. Santander, España: Sal Terrae.

jueves, 9 de febrero de 2012

José Antonio Abreu... El Servidor Público


José Antonio Abreu
 El Servidor Público
(Valera Estado Trujillo. 07-05-1939)

    En Venezuela, la educación musical experimentó, una de las transformaciones más profundas y  transcendentales que haya vivido en toda su historia socio-cultural, con el advenimiento de la Orquesta Nacional Juvenil Juan José Landaeta, en el año 1975, y su evolución, durante los años 1978-1979, hacia el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles, actualmente, regentado, a través de Fundamusical Simón Bolívar (2011) comparable, al movimiento musical estimulado por el padre Sojo durante el periodo de la colonia, y al nacionalismo musical impulsado durante las primeras décadas del siglo XX, por el maestro Vicente Emilio Sojo en la Escuela de Santa Capilla. Esta institución, gracias a su noble labor de educar niños y jóvenes, logró forjar su destino. Sus éxitos no solo comportan una realidad concreta en la educación musical de nuestro país, sino también, la gestación y desarrollo de un movimiento social conformado por niños y jóvenes músicos, diseminados a lo largo y ancho de todos los rincones de la nación con proyección y aceptación internacional, debido a la excelencia de sus ejecutorias artísticas; y a la constitución de modalidades o alternativas de mejoramiento de la calidad de vida de sus  miembros y familias, contrarrestando, el auge de la pobreza, y promoviendo la utilización fructífera del tiempo libre, como herramienta fundamental para la prevención de la violencia y conductas inadecuadas y antisociales, caracterizadas por la prostitución y agresión infantil-juvenil y el consumo de sustancias licitas e ilícitas psicotrópicas.
    Gracias a esta revolución educativa-artística, impulsada por la creación de grupos orquestales, progresivamente, niños y jóvenes de todos los ámbitos sociales y culturales, pueden aproximarse al fenómeno vivo de la música, experimentando un medio de autorrealización personal, que integra sus vocaciones  artísticas en una estructura abierta de participación igualitaria, representando, un alto ideal de consagración a un conjunto de valores éticos, estéticos y espirituales, anhelados por el inconsciente colectivo del pensar y actuar de la humanidad, expectante, en la realización de su ser, de la obtención de la paz y reconciliación consigo mismo.
    En el devenir histórico de la humanidad, los hechos, no se dan al azar, son generados por una fuente, un espíritu que crea y concreta los sueños y anhelos en realidades. Esto ha sucedido con el fenómeno de las orquestas sinfónicas y Coros infantiles y juveniles, ha sido una obra, que ha necesitado como todas las obras, de un espíritu que organiza y vivifica, para darle forma. Aquella empresa titánica que hace treinta y siete años parecía un sueño irrealizable, hoy, es una realidad concreta, gracias al Servidor Público y Maestro “José Antonio Abreu”. Pedagogo; Pianista; Organista; Director de Orquesta; Economista, y esencialmente, amante apasionado, del  servicio a  su prójimo.
     José Antonio, ‒como le gusta ser llamado por sus discípulos‒ tuvo que enfrentar una serie de códigos y dogmas que condicionaban la enseñanza de la música en nuestro país, antes de consolidar el importante programa de educación  musical a través de la práctica orquestal, que hoy existe. Para hacer oposición al convencionalismo que aislaba al estudiante de música a un salón de clases por muchos años antes de enfrentar al concierto y al público, orientó a sus discípulos, a la adopción de la modalidad del taller, forma de aprendizaje, que tiene raíces en el periodo renacentista de la cultura occidental, modelo de trabajo que provocó, el crecimiento y desarrollo de la orquesta y sus diferentes esquemas académicos.
    Las conquistas alcanzadas en el terreno cultural y educativo, en pro del desarrollo nacional, se pueden resumir, en: Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana “Simón Bolívar”, hoy, con alto prestigio internacional, Sinfónica Simón Bolívar; Orquestas Infantiles y Juveniles semi-profesionales y profesionales, que abarcan todas las regiones del país y otros países del mundo; Centro Académico Nacional; Instituto de Fonología; Centro Nacional Audiovisual; Taller Nacional de Luthería e Institutos Universitarios de Estudios Musicales. Todo ello, como consecuencia, de los exhaustivos ensayos diarios, talleres de fila, seminarios, clases individuales, donde el maestro Abreu, daba a sus alumnos, ejemplos de altruismo, amor al trabajo y al esfuerzo. Mucho polvo tragó el maestro José Antonio y sus primeros discípulos, en los sótanos de lo que es hoy el Complejo Cultural “Teresa Carreño”, durante su proceso de construcción; a la vez que, innumerables trasnochos, para hacer realidad, lo que algunos pensaron, era una utopía irrealizable.
En los espacios físicos donde al maestro y sus discípulos se les permitía estar, se organizaban talleres de fila, clases individuales y ensayos generales. Los que más sabían enseñaban a los menos diestros, los domingos, la casa del maestro, parecía un conservatorio, el trabajo que se realizaba era metódico, responsable, serio e innovador.
     El crecimiento y desarrollo de este movimiento educativo-artístico y su efecto multiplicador a lo largo y ancho del territorio nacional e internacional, constituyen, uno de los fundamentos humanísticos más importantes que ha generado el buen uso de la inmensa riqueza petrolera que ha ingresado al país, forjando la imagen de una nación posible, ejemplo y paradigma, en el fomento de valores espirituales, para un mejor ser y estar en el mundo, a través del cultivo y goce estético de la música, como intérprete u oyente.  
    El Sistema, como se conoce hoy en el planeta, al conjunto de Orquestas y Coros Juveniles e infantiles de la República Bolivariana de Venezuela, es un singular fenómeno que enseña, como la mancomunidad de ideales y el sentido universal de integración, atrae jubilosamente a todas las voluntades hacia el sentido de pertenencia, como, co-creadores de  procesos históricos vitales, que unifican, todos los horizontes de la patria para su transcendente y cabal realización.
    Los que comenzamos y nos formamos en esta obra local con arraigo y proyección universal, al igual que las generaciones presentes y futuras, alimentamos nuestras esperanzas con el lema de “tocar y luchar” que muy bien nos enseñó el maestro y servidor público José Antonio Abreu, es decir, hacer música y proteger nuestro derecho para hacerla libremente. “…Gracias Maestro…”


Orquesta Sinfónica de la Juventud venezolana Simón Bolívar (1978)
Director Fundador José Antonio Abreu y Miembros Fundadores

domingo, 7 de agosto de 2011

Reencuentro…



“...<El retorno al origen> nos permite revivir el tiempo en que las cosas se manifestaron por primera vez..." (Mircea Eliade, 1972)

              
  Los venezolanos, constituidos como nación a partir de un proceso histórico iniciado en las primeras décadas del siglo XIX, afrontamos, con el repentino impacto socio económico  generado por la explotación petrolera desde las primeras décadas del siglo XX,  las vivencias culturales de la contemporaneidad o modernidad mundial, “…cuyo rasgo más común ha sido, presentar al ser humano de manera desfigurada, como un ser desconocido y desintegrado, incomunicado y solo, que se niega así mismo, sin saber qué está haciendo y porqué está aquí…”­(Uslar Pietri,1996), producto de la manera como el hombre de este tiempo se interpreta a sí mismo y al entorno que lo rodea.   

Al igual que el resto de los Latinoamericanos, vivimos procesos de hegemonías y alienación cultural, que han inducido al grueso de la población rural y urbana, a considerar o asociar la noción de “cambio” a progreso, desarrollo,  y “tradición”, como sinónimo de atraso, estancamiento y subdesarrollo; reduciendo unilateralmente al presente, a un hoy desprovisto de memoria, a un rito sin mito, negándole a la realidad, su capacidad de encarnar en el presente, al pasado, visualizando al futuro.
Así mismo, la reorganización y concentración general del capital humano y material, asociado a la transnacionalización e internacionalización de los recursos de subsistencia sociopolíticos de los estados,  ha disminuido y subordinado la autonomía de los campos culturales y artísticos  a influencias estéticas  relacionadas con la expansión del mercado y las nuevas tecnologías de promoción mercantil y de consumo; incubando este fenómeno, la desnaturalización de lo cultural tradicional, transformándolo en mercancía de cambio y productor de grandes dividendos, cuya consecuencia, en los ámbitos de la experiencia cotidiana popular, ha sido, la reducción  a una aislada manifestación escénica pintoresca  y  exótica, o  el recuerdo triste de lo que un día fuimos;  perdiendo así,  su rasgo de expresión vivencial , donde se interrelacionan en un presente vivo, lo antaño y lo actual. Estos fenómenos han generado, evidencias de desarraigo hacia la diversidad cultural  que  nos caracteriza, negación a lo auto-generado por el pueblo, y subestimación de lo nuestro moderno. Sin embargo, existen raíces muy hondas e inmanentes en el ser venezolano de su ascendencia cultural, la cual, ha sido apreciada y revalorizada a través de sus escritos, por ilustres intelectuales –Juan Liscano, Briceño-Iragorry, Uslar Pietri, Picón Salas, Acosta Saignes, Ramón y Rivera, e Isabel Aretz, precursores  para las nuevas generaciones– que con sus investigaciones y trabajos han estimulado y fomentado el estudio y aprecio por las expresiones culturales que nos definen e identifican.
  Los venezolanos, nos podemos reencontrar con nosotros mismos  a través del recuerdo de nuestra historia y la recreación de nuestros valores espirituales, expresados en los hechos estéticos de nuestra tradición cultural,  porque  "...Los símbolos son susceptibles de revelar una perspectiva en la cual realidades heterogéneas se dejan articular en un conjunto o incluso se integran en un <sistema>...” (Mircea Eliade, 1969)
Etimológicamente, la tradición, es la transmisión de un modelo –arquetipo- o una creencia,  de una generación a otra,  supone la obediencia a una autoridad y la fidelidad a un origen; en tal sentido, lo cultural tradicional venezolano, no puede ser observado y asumido como la expresión improvisada y pintoresca de un conjunto de símbolos carentes de trascendencia, sino, como la expresión elaborada de un discurso contentivo -debido a sus antecedentes histórico culturales-  de una diversidad cultural universal, la cual, puede ser desentrañada, en la medida que se asuman sus propuestas con el afecto y respeto que merecen por parte de los herederos de ese patrimonio, en cuyos signos se encuentra nuestra ascendencia cultural. No se trata de recrear la tradición cultural de manera nostálgica, sino, como nos propone Mariano Picón Salas (1988)  "... La tradición "deviene", es el valor del pasado que mira con nuevos ojos y aplica a nuevas  necesidades cada generación..."
  Para los venezolanos que somos hijos de estos tiempos (siglo XXI) asumir lo cultural tradicional como herencia patrimonial, no sólo debe implicar la preocupación por rescatarlo, difundirlo, defenderlo o determinar lo que el pueblo es; también debe estar presente la inquietud por generar respuestas a la incertidumbre del cómo recrear estas expresiones, para fortalecer en nosotros el sentido de identidad y pertenencia, al reencontrarnos  con lo local, revalorizando sus manifestaciones como acciones universales.


Referencias Bibliográficas


  •     Briceño-Iragorry, M. (1988) Mensaje sin destino y otros ensayos. Caracas: Biblioteca Ayacucho.
  •    Eliade, M. (1969). Mefistófeles y el Andrógino. Madrid: Guadarrama.
  •    Eliade, M. (1972). El Mito del Eterno retorno.  (3ª reimp. 2004). Madrid: Alianza/Emecé.
  •  Gonzalez Ordosgoitti, E. A. (1991). Diez Ensayos de Cultura Venezolana. Caracas: Fondo Editorial Tropykos.
  •     Picon Salas, M. (1988). Suma de Venezuela. Caracas: Monte Avila editores.
  •     Picon Salas,  M. (1996). Europa-América. Caracas: Monte Avila Editores. 
  • Pietri Uslar, A. (1989) De una a otra Venezuela. Caracas: Monte Avila Editores.
  •   Pietri Uslar, A. (1996) La invención de la América Mestiza. México: Fondo de Cultura Económica. 
  • Imagen: Mary ann Afonso (2001) Páramo la Culata. Mérida

viernes, 22 de abril de 2011

Ludwig van Beethoven Poeta Universal (1770-1827) Sinfonía Coral


¡Oh amigos, cesad esos ásperos cantos!
¡Entonemos otros más agradables y
llenos de alegría!
¡Alegría, alegría!
¡Alegría, bella chispa divina,
hija del Elíseo!
¡Penetramos ardientes de embriaguez!
¡Oh celeste, en tu santuario!
Tus encantos atan los lazos
que la rígida moda rompiera;
y todos los hombres serán hermanos
bajo tus alas bienhechoras…
(Fragmentos del texto usado por Beethoven en el 4º movimiento)



 Vino al mundo el 16 de diciembre de 1770, en Bongase de Bonn. Su devenir histórico existencial que vivió intensamente con honda pasión, lo lleva en el campo de la música, a culminar la era del clasicismo y abrir la del romanticismo.
Wolfgang Amadeus Mozart, en 1787, luego de darle un tema suyo para que improvisase unas variaciones, dirá : “El mundo oirá hablar de este joven”.
Beethoven se identifica con el Romanticismo, donde busca la fuerza expresiva de la subjetividad individual y la libertad espiritual. Es el periodo del Sturm und Drang (tempestad e ímpetu) tiempos en los cuales, las inquietudes e iniciativas naturales más profundas del hombre, buscan renovar su valoración, o nuevas maneras de representación, discrepando u oponiéndose a las ideas e instituciones existentes, es decir, a los convencionalismos y al racionalismo dogmático, como formas absolutas de interpretar el devenir de la realidad interior del ser humano.
 Al aproximarnos al fenómeno musical de su obra, se observa un respeto por la forma y el contenido, una mirada profunda a las nociones del mundo clásico, tales como proporción, forma e identidad; con lo cual, parece buscar equilibrio y balance con relación al ímpetu y tempestad emocional que pregona el torbellino anímico del romanticismo, como cosmovisión de la existencia.
Expresaba: “…El gran signo característico de un hombre digno, es la perseverancia en medio de circunstancias hostiles…”
 Su realidad y cotidianidad existencial, estuvo cargada de exigencias sobrenaturales, en virtud, de sus trastornos de salud, lo cual, lo hizo escribir en el testamento de Heiligenstädter, en octubre de 1802, sobre sus más profundos, verdaderos y preocupantes pensamientos y sentimientos:

¡Oh, vosotros hombres, que me creéis hostil, reacio y misántropo, cuán injusto sois conmigo!... Perdonadme si me veis retroceder cuando más quisiera mezclarme con vosotros... Cuán humillante, cuando alguien junto a mí, oía una flauta lejana y yo nada oía, o cuando alguien oía cantar al pastor y yo nada oía… no me era posible decir a los hombres : ¡ Hablad más alto, gritad, que soy sordo!... ¡Ah! Como era posible que yo admitiera tal flaqueza en un sentido que en mi debiera ser más perfecto que en otros, un sentido que una vez poseí en la más alta perfección, una perfección tal como pocos disfrutan o han disfrutado…solo me puedo mezclar con la sociedad un poco, cuando las más grandes necesidades me obligan a hacerlo…” (Beethoven)



 La novena sinfonía la comenzó a escribir a finales de 1822, interrumpiéndola en el otoño siguiente. Una vez terminados los tres primeros movimientos, el maestro dudaba entre un final puramente instrumental, y una conclusión en el que las voces humanas se sumaran a la orquesta.
En 1823, se decide por la alianza entre las voces humanas y la sonoridad orquestal, viendo la ocasión, de utilizar un texto de Friedrich Schiller (1759-1805) al que quería hacer música desde 1792; realizando una adaptación no literal sobre la “Oda a la Alegría” (1785) con añadidos que el mismo hace por motivos de ritmo o concordancia musical con el poema. Solía decirle a Luis schlosser confidencialmente: “…Yo llevo con frecuencia mis ideas dentro de mí, muchísimo tiempo antes de escribirlas. Quedan tan grabadas en mi memoria, que estoy seguro de no olvidar jamás por muchos años que pasen, cualquier tema que haya concebido…”

Friedrich Schiller
Pintado por A. Graff, Primavera 1786, completado en 1791



Ludwig van Beethoven en 1823. Por Ferdinand Georg Waldmüller

 Pondrá el punto final a su obra, con la Oda a la Alegría en febrero de 1824, constituyéndose en la primera sinfonía de la historia, que incluye coros en su estructura.
Una vez concluida su preciada novena, recobra el buen humor, gusta pasear por las calles de Viena, mira a los balcones, a las tiendas, saluda a sus antiguos amigos, se le ve en la casa de los editores, en las peñas de artistas e intelectuales, acoge las consultas, aconseja y anima bondadoso a los noveles compositores. Su nombre vuelve a sonar, se sabe que tiene inéditas unas composiciones, haciéndose tema de conversación y llenando de emoción a sus aficionados, entre los que se encuentran, el príncipe Lichnowski; Cerny; Diabelli; Artaria; el Conde Palfi; el Conde Dietrichstein; el Barón Schweiger y el Primer Chambelán del Emperador. Quienes, le escriben una carta, expresándole su deseo de escuchar en Viena, el estreno de su nueva obra; la cual envían con Felsburg, Bankliquidator y Bihler, intendente del Barón de Puthed:


“…Sabemos que habéis escrito una nueva composición de música sagrada, y que en ella traducís, los sentimientos que os inspira vuestra fe profunda; la luz sobrenatural que penetra en vuestra alma grande, la ilumina… ¡Apareced entre nosotros, mostraos en vuestra gloria y venid a alegrar a vuestros amigos, vuestros ardientes y respetuosos admiradores!…de vos espera la nación una vida nueva, nuevos laureles y un nuevo reinado de la verdad y la belleza, pese a la moda del día, que viene a turbar las leyes eternas del arte musical, danos la esperanza de ver prontamente satisfechos , los deseos que vuestro divino arte ha sugerido… (Febrero, 1824)

 La lectura de esta carta, produjo en el maestro una gran conmoción, de ella nos habla su amigo Schindler: “… Encontré a Beethoven con el documento en sus manos, me entrego el papel… y aproximándose al balcón, se quedó mirando el correr de las nubes en el cielo… y me dijo… ¡verdaderamente, esto es noble y grande, me conmueve profundamente! …”
A la luz de estos hechos, el maestro resuelve cumplir el noble deseo de sus amigos. Finalmente, el 07 de mayo de 1824, Ludwig van Beethoven, da a conocer al mundo su Novena Sinfonía, en re menor, posteriormente conocida como “Sinfonía Coral”.
La audición tuvo lugar, en el Teatro de la Corte Imperial de Viena, abarrotado de celebridades, aristócratas y nobleza. El anuncio definitivo del concierto se realizo en los siguientes términos, previo rechazo por parte del maestro, de propuestas anteriores:

“…Gran sesión musical por Ludwig van Beethoven. Las composiciones que se ejecutaran acaban de salir de la pluma del autor.
1) Gran obertura Op 124
2) Tres grandes himnos con coros y solos. Kirye. Credo. Agnus Dei.
3) Gran sinfonía con un final, en el que toman parte solos y coros sobre el texto de la Oda a la Alegría de Friedrich Schiller…”

¡Abrazaos Millones de seres!
Hermanos, sobre la bóveda estrellada
Debe habitar un Padre amante.
¿Os prosternáis, Millones de seres?
¿Mundo presientes al Creador?
¡Búscalo por encima de las estrellas!
¡Allí debe estar su morada!
Alegres como vuelan sus soles,
A través de la espléndida bóveda celeste,
Corred, hermanos, seguid vuestra ruta
Alegres, como el héroe hacia la victoria…
(Fragmentos del texto usado por Beethoven en el 4º movimiento)


 Los discursos musicales de la sinfonía están distribuidos en los siguientes cuatro movimientos o estructuras formales.
  • 1. Allegro ma non troppo, un poco maestoso
  • 2. Scherzo: Molto vivace - Presto
  • 3. Adagio molto e cantabile - Andante Moderato - Tempo Primo - Andante Moderato - Adagio - Lo Stesso Tempo
  • 4. Recitativo: (Presto – Allegro ma non troppo – Vivace – Adagio cantabile – Allegro assai – Presto: O Freunde) – Allegro assai: Freude, schöner Götterfunken – Alla marcia – Allegro assai vivace: Froh, wie seine Sonnen – Andante maestoso: Seid umschlungen, Millionen! – Adagio ma non troppo, ma divoto: Ihr, stürzt nieder – Allegro energico, sempre ben marcato: (Freude, schöner Götterfunken – Seid umschlungen, Millionen!) – Allegro ma non tanto: Freude, Tochter aus Elysium! – Prestissimo, Maesteoso, Prestissimo: Seid umschlungen, Millionen!







Stöber, Franz. 1827. Acuarela. Cortejo fúnebre de Ludwig van Beethoven el 29 de marzo1827


 



Referencias Bibliográficas

-Gauthier, André. Beethoven. Madrid: Espasa-Calpe, S.A. 4ta. Edición, 1980 
-Lang, Paul Henry. La Música en la Civilización Occidental. Buenos Aires: Editorial Universitaria, 3era. Edición, 1979
-Steinitzer, Max. Beethoven. México: Fondo de Cultura Económica, 2da. reimpresión, 1975  
- Sinfonía nº 9 (Beethoven) (2010,26) de noviembre. Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 22:28, diciembre 25, 2010 http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Ludwig_van_Beethoven&oldid=45837871

sábado, 2 de abril de 2011

Cultura...



“… la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo… A través de ella… se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden...” (UNESCO, Declaración de México, 1982)

  La cultura es una realización humana, por la cual, los individuos, de acuerdo a sus contextos ambientales, históricos y sociales, elaboran maneras de observar y definir a la realidad que les circunda, y a sus congéneres; crean sistemas de signos para representar y orientar sus creencias y experiencias religiosas; juzgan o distinguen entre tiempos y espacios sagrados o profanos; validan sus acciones en los ámbitos de la moral y la ética; así, como sus expresiones artísticas e intelectuales y sus códigos lingüísticos, impactando en la organización e interrelación social, cuestionando u honrando al pasado, y viviendo en el presente, visualizando al futuro. 
  La noción o palabra cultura, es producto de un proceso histórico, iniciado durante el siglo XVI y consolidado en el período de la Ilustración, siglo XVIII,  denota en esencia, nuestra ancestral motivación por clasificar y definir, todo aquello que tiene que ver con nosotros mismos, con nuestra experiencia o realidad individual y colectiva, así como, a la realidad ambiental o geográfica, a la que pertenecemos. Delimitar y explicar lo que se entiende por ella, ha sido una inquietud de búsqueda y reflexión para las diversas corrientes del pensamiento occidental.                                                                              
  Consideramos a la expresión cultura, una abstracción teórica, fundamentada en la manera como el hombre se propone definirse a sí mismo, y a los condicionamientos externos e internos, que determinan su existencia material y espiritual. 
Existen tantas culturas, como enfoques y visiones podamos tener de la realidad, en la medida en que interactuamos e intercambiamos nuestras culturas, desarrollamos o cultivamos nuestras capacidades para aceptarnos a nosotros mismos, y respetar a los que piensan o actúan de manera distinta a nosotros, llegando a experimentar, los más altos valores del espíritu humano, expresados en él: “…amarnos los unos a los otros, como a nosotros mismos…”(Cf. Mt 22, 39b; Mc 12, 31b; Lc 10 27-28).
  Nuestras acciones culturales, adquieren un valor de relevancia universal, si fluyen en un devenir caracterizado por consonancias y disonancias, equilibradas o compaginadas por el respeto al otro, no imponiendo lo que yo pienso es mi verdad, sino, compartiéndola con modestia y tolerancia, por la trascendencia que pueda llegar a representar para mis congéneres.


Jacques Louis David. Muerte de Sócrates. 1787





Referencias Bibliográficas


-        Fuentes, C. (1994). Tres discursos para dos aldeas. México: Fondo de Cultura Económica.
-        Paz, O. (1995).  Itinerarios.  México: Fondo de Cultura Económica.
-        PORRAS, A. J. (1994). Identidad Cultural Nacional. Ciudad Bolívar: El Bolivarense, 2 de julio. 
-        PORRAS,  A. J. (1994).  La Cultura Popular. Ciudad Bolívar: El Bolivarense, 28 de mayo. 
- Wikipedia. La enciclopedia Libre. Cultura. Marzo 2011  http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Cultura&oldid=48995797.




                                         











martes, 29 de marzo de 2011

Remando en los Mares de la Música Clásica...


 Remar implica movimiento, dar empuje con el remo a una embarcación, trabajar con afán e inteligencia, para asegurar la estabilidad de la nave y llegar a buen término, a puerto.

Cuando se participa en la recreación de una obra musical, bien sea como intérprete, o realizando un análisis teórico, es como si se adentrase en un mar de sonidos, ritmos, formas musicales, estilos, contextos históricos y socio culturales, los cuales, logramos revivir de manera retrospectiva -sin dejar de vivir en el presente- con nuestros remos, que para los músicos o coralistas, son los instrumentos musicales y las voces humanas para reinterpretarlas; las batutas o brazos para dirigirlas; y la inteligencia para analizarla y dar razón de ella con aproximaciones teóricas, pues, lo que digamos con palabras sobre música, no es propiamente música en sí, en su ámbito vital sonoro, sino, expresión o figura de una realidad, como bien señala Wittgenstein en 1918, en su Tractatus Logico-Philosophicus:“…Nosotros nos hacemos figuras de los hechos…La figura es un modelo de la realidad…Todo aquello que puede ser dicho, puede decirse con claridad y de lo que no se puede hablar, mejor es callarse…” Cuando la música despega del umbral del silencio, lo mejor es callar, para dejar que sea ella misma la que hable, sin interpretes ni intermediarios.


 La música es un lenguaje, un medio de comunicación y expresión de voluntad humana, realizado a través de la organización intelectual de estructuras o esquemas sonoros y rítmicos, en un elaborado discurso horizontal o vertical, es decir, melódico o polifónico, rítmico, polirítmico o polimétrico, que se origina en el umbral del silencio, y obedece a su propia naturaleza, fluyendo como una realidad que se desarrolla en el tiempo, hasta regresar de nuevo al umbral del silencio de donde emergió.
 Producto de una actividad del pensamiento, de un logos (λόγος) palabra, discurso; la música, (ή μουσική) arte de las musas, formación espiritual, educación superior, cultura; ciencia (Cf. Dicc. Griego-Español. Vox, 2007) requiere del cultivo y aprendizaje de habilidades, que el hombre, a través del tiempo histórico ha desarrollado y perfeccionado, afinando cada vez más sus modos de expresión musical, y las maneras pedagógicas de explicar y transmitir, las formas de crear, ejecutar e interpretar, los diferentes sistemas de signos lingüísticos, usados en sus discursos musicales.
 Al hablar de música clásica, un musicólogo, o un historiador, con justa razón nos dirá que es aquella que corresponde a un determinado periodo de la historia de la música, denominado clasicismo, que va aproximadamente desde los años 1750 a 1820,  el término apareció   por primera vez, en 1836, en el Oxford English Dicctionary, para designar a las obras y compositores más significativos de esa época.
 El lenguaje musical clásico occidental, se caracteriza fundamentalmente por estar elaborado en base al sistema tonal o diatónico, que distribuye relaciones sonoras, entre tonos y semitonos; consonancias y disonancias; así como funciones tonales entre los distintos grados que conforman los ocho sonidos con los cuales, se estructura la escala, o el patrón de referencia sonora del discurso musical. 
Para el común conocimiento popular, el término designa a toda la música referida al ámbito académico o intelectual de creación musical, bien sea, música antigua, barroca, romántica, posromántica, impresionista, aleatoria o contemporánea.
 

Orquesta Sinfónica de la Juventud venezolana Simón Bolívar (1978)
Director Fundador José Antonio Abreu y Miembros Fundadores